No nos quejemos mucho.


Broer. Asu.

“BRODER, DETESTO ESTA MALDITA APLICACIÓN, ¡NO ERA LO QUE YO PENSABA!”

Calma, amiguito, todo está bien. Yo sé que te gastaste la mensualidad de tu universidad te esforzaste mucho por tener ese hermoso iPhone 4 blanco de 32GB, yo sé que fastidia un poco cuando una aplicación no cumple como uno piensa que cumpliría.

Pero ¿qué te parece si retrocedemos el tiempo un poquito? Sí, sólo unos simples y cortos 15 años. Vayamos a 1996, esa época en la que los teléfonos celulares de la mami y del papi podían ser usados para hacer hamburguesas caseras o para trabar puertas, esa época… tiempos memorables en los que la correa de tu pantalón tenía que ser lo suficientemente gruesa y de buen cuero (?) para que resista el peso de estos ladrillos teléfonos (a menos que hayas sido un Yuppie y tenido un elegantísimo StarTac).

Ponte a pensar, querido amiguito lector. ¿Qué habría dicho tu mamá en esa época? ¿De qué se habría quejado con respecto a su telefosil teléfono celular?

Aquí unas opciones:

“ESTOY HARTA DE ESTA TECLA DE HULE GORDA Y BLANCA”

“MALDITA TAPA DE 3 KILOS DEL CELULAR QUE ME IRRITA LA OREJA”

“ME DIJERON QUE ESTE TELÉFONO IBA A PESAR MENOS DE 500 GRAMOS.”

Deberíamos estar un poco -sólo un poquito- agradecidos con los avances de la tecnología y, bueno, deberíamos darles medallas al coraje  a nuestros padres por haber tenido las pelotas de salir a la calle con aparatos como esos.

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